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Flat Clay Works
























Flat Clay Works

Mi práctica transita entre la fotografía, la cerámica, el dibujo, la investigación y la instalación, conformando un lenguaje interdisciplinar arraigado en la creación de imágenes, pero expandido a través de la exploración material. Originalmente fundamentado en la fotografía, este cuerpo de obra investiga cómo las imágenes pueden migrar entre medios, transformándose de documentos visuales en objetos físicos que portan memoria, lugar y significado cultural. Técnicamente, las obras surgen mediante procesos estratificados, casi alquímicos, en los que múltiples etapas de transformación se fusionan en una única forma final.

En el centro de esta investigación se encuentran cuestiones de identidad, territorio y pertenencia, especialmente dentro de un mundo marcado por el movimiento, la migración y el cambio medioambiental. A través de mi trabajo exploro cómo la historia personal y la memoria colectiva nos reconectan con la tierra, revelando la relación profunda y en constante evolución entre los seres humanos y la naturaleza. Los objetos que emergen de este proceso actúan como recipientes simbólicos: contienen narrativas culturales, conciencia ecológica y huellas de la experiencia vivida.

El acto de extraer tierra cruda in situ de estos territorios explorados y personalmente significativos es un componente esencial de la obra, reforzando su conexión con el lugar y con las imágenes elegidas que se reflejan intencionadamente en cada pieza. Las impresiones se crean solidificando la imagen en relieve, formando un paisaje tridimensional en miniatura que se convierte a la vez en escultura y textura, añadiendo una nueva capa dimensional a la obra. Muchas de las piezas son posteriormente cocidas en una fosa excavada a mano en la tierra, utilizando distintos tipos de maderas recolectadas y materiales orgánicos como cáscaras de plátano, nueces, pieles de naranja, sal, café, azúcar y minerales, entre ellos cobre y cobalto. Los resultados estéticos emergen espontáneamente a través del propio proceso de cocción. Las variaciones de temperatura, la selección de la madera, las reacciones minerales y la posición de las piezas dentro de la fosa producen superficies tonales y marcas impredecibles, haciendo que cada obra sea única.

Este cuerpo de obra forma parte de un proyecto más amplio estructurado en capítulos que examinan las dimensiones geográficas, sociales y ecológicas de la identidad. A partir del pensamiento ecofeminista, la obra construye una narrativa en la que la naturaleza, la memoria y el cuerpo se entrelazan. La propia tierra se convierte tanto en material como en metáfora, reflejando ciclos de transformación y las fuerzas elementales que sostienen la vida. El proyecto está arraigado en los paisajes de la Sierra del Segura, en España, y North Myrtle Beach, en Carolina del Sur, regiones vinculadas a mi linaje materno y paterno. Sus historias geológicas y sus vulnerabilidades actuales —marcadas por la erosión, el cambio climático y el abandono rural— constituyen una base conceptual importante. Elementos naturales como ríos, aves y formaciones rocosas aparecen como motivos recurrentes, sugiriendo territorios que existen más allá de las fronteras y recordándonos los sistemas ecológicos compartidos que moldean la existencia humana. Aunque la naturaleza ocupa un lugar central, los símbolos culturales y las huellas humanas también están presentes en las imágenes.

Dentro de este marco, la fotografía funciona como punto de partida más que como forma final. Las imágenes originadas en la observación fotográfica pasan a formar parte de un diálogo más amplio entre imagen, material y paisaje, donde la fotografía evoluciona hasta convertirse en un objeto que encarna tiempo, lugar y transformación. A través de este proceso, la obra se desplaza de la representación hacia el artefacto, invitando a reflexionar sobre cómo la memoria, el territorio y la naturaleza se reescriben continuamente a través de generaciones y geografías.